Yto Barrada y la ciudad como resto: habitar Casablanca desde la fisura

Hay artistas que no fotografían una ciudad: la interrogan. Yto Barrada pertenece a esa rara estirpe. En Reprendre Casa. Carrières centrales, Casablanca (2013), la artista no se limita a registrar un paisaje urbano ni a producir una lectura nostálgica de la arquitectura moderna en Marruecos. Lo que hace es algo más complejo y más incómodo: volver a mirar el espacio doméstico, la periferia construida, la vivienda colectiva y sus desgastes como lugares donde todavía palpita una historia política.

En estas imágenes, Casablanca no aparece como postal, ni como promesa de modernidad, ni como fantasía cosmopolita. Aparece como materia vivida. Como superficie erosionada por el uso, por el tiempo, por la desigualdad y por las formas concretas de habitar que desbordan cualquier ideal urbanístico. Barrada no busca monumentalizar la ciudad. Busca escucharla allí donde la arquitectura ya ha sido tomada por la vida.

La serie se detiene en fachadas desconchadas, corredores estrechos, escaleras abiertas, patios mínimos, muros agrietados, puertas pintadas, buzones, tenderetes, cables, sombras, jardines precarios, animales, restos de ornamento y pequeñas geometrías populares. Nada aquí responde a la lógica del espectáculo. Y precisamente por eso todo resulta decisivo. La artista compone un archivo sensible de lo infraordinario: aquello que suele quedar fuera del relato oficial de la ciudad, pero que constituye su verdad material.

Modernidad, ruina y apropiación

Uno de los puntos más potentes de esta serie es que no representa la ruina como fracaso romántico ni como exotismo visual. Lo que aparece es otra cosa: la distancia entre el proyecto moderno y su deriva concreta. Carrières centrales no es aquí sólo un enclave arquitectónico o un episodio de la historia urbanística de Casablanca; es un territorio donde se hace visible la tensión entre diseño y vida, entre planificación y uso, entre la forma impuesta y la apropiación cotidiana.

Barrada entiende bien que la arquitectura nunca termina cuando se inaugura. Empieza realmente cuando es ocupada, transformada, desobedecida. Por eso sus fotografías atienden a los gestos menores que reescriben el espacio: una tela colgada, una cortina improvisada, una entrada modificada, una pared repintada, un pasillo convertido en extensión doméstica, un jardín que irrumpe donde debía haber sólo función. La vivienda deja de ser un objeto arquitectónico y se revela como un campo de negociación permanente.

En ese sentido, la serie no sólo habla de Casablanca. Habla de cómo las ciudades del sur global han cargado con los restos materiales y simbólicos de los discursos modernizadores, coloniales o desarrollistas. Habla de cómo los cuerpos y las comunidades rehacen lo heredado sin pedir permiso al canon arquitectónico ni al museo.

Una política de la atención

La mirada de Yto Barrada es precisa, contenida, nada enfática. No dramatiza. No estetiza la precariedad para volverla consumible. Tampoco cae en el miserabilismo, esa enfermedad visual con la que tantas veces se ha representado el norte de África desde afuera. Su método es más serio: mirar con rigor, sostener la complejidad y dejar que las formas hablen desde su densidad histórica.

Eso se percibe en la manera en que organiza el encuadre. Muchas imágenes parecen casi silenciosas, incluso mínimas. Pero en ese silencio hay una enorme carga política. Un muro blanco con marcas apenas visibles. Un bloque de viviendas detrás de una vegetación inesperada. Una escalera que abre una grieta entre masas rosadas. Un burro frente a un edificio extenso y cansado. Un conjunto de buzones numerados. Una baldosa ajedrezada en la acera. Barrada sabe que la historia urbana también se condensa en esos detalles, en esas formas menores donde la ciudad pierde su retórica y muestra su estructura afectiva.

Lo importante aquí no es sólo lo que vemos, sino desde dónde se mira. La artista no se sitúa como conquistadora visual del territorio, ni como coleccionista de rarezas urbanas. Se sitúa cerca. Lo bastante cerca como para entender que el espacio construido está atravesado por memorias sociales, por pedagogías informales del habitar, por invenciones domésticas que ningún discurso oficial puede absorber del todo.

Contra la ciudad-fetiche

En un momento en que tantas imágenes de las ciudades árabes y mediterráneas se producen para alimentar una economía global de la visibilidad —entre el branding urbano, la nostalgia chic y la fascinación por la decadencia—, el trabajo de Yto Barrada sigue siendo radicalmente necesario. Porque se niega a convertir la ciudad en fetiche.

Reprendre Casa no vende una imagen de Casablanca: la desmonta. La devuelve a su espesor histórico, a su fragilidad, a su potencia cotidiana. Nos recuerda que una ciudad no está hecha únicamente de planes urbanísticos, infraestructuras o iconos arquitectónicos, sino también de pequeñas adaptaciones, de residuos, de invenciones anónimas, de usos desviados. En otras palabras: de vida.

Lo que Barrada pone en juego es una crítica profunda a la idea de pureza formal. Frente al imaginario limpio de la arquitectura como objeto cerrado, sus imágenes muestran contaminación, mezcla, desgaste, injerto. Y ahí reside su fuerza. Porque lo vivo nunca es puro. Habitar es alterar.

El espacio doméstico como archivo

Hay además algo muy importante en esta serie: su forma de entender lo doméstico no como refugio privado, sino como inscripción política. Las puertas, los pasillos, las fachadas, los umbrales y las ventanas no son aquí simples elementos funcionales. Son superficies donde queda grabada la relación entre intimidad y estructura social. Cada modificación material parece decir: alguien vive aquí, alguien ha tenido que resolver aquí, alguien ha dejado aquí una respuesta.

Por eso estas fotografías funcionan también como un archivo del habitar. No un archivo monumental ni institucional, sino uno hecho de signos frágiles. De evidencias parciales. De marcas de uso. Barrada rescata una memoria que no suele entrar en la gran narrativa del patrimonio, precisamente porque no es heroica ni monumental. Pero es ahí donde la ciudad se vuelve legible.

Una lección de mirada

Mirar esta serie hoy obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿qué imágenes de la ciudad seguimos legitimando y cuáles seguimos dejando fuera? La obra de Yto Barrada responde sin necesidad de grandilocuencia. La ciudad real no está en las postales del progreso ni en las ruinas convertidas en decoración crítica. Está en los bordes, en los espacios apropiados, en las correcciones cotidianas, en la belleza involuntaria de lo que persiste.

Reprendre Casa. Carrières centrales, Casablanca es, en ese sentido, una lección de mirada. Nos enseña que fotografiar la arquitectura no consiste en admirar su forma, sino en leer sus tensiones. Que el urbanismo también puede pensarse desde la sombra de un pasillo, desde un jardín improvisado o desde una pared que ya no obedece al proyecto inicial. Y que, a veces, la verdadera imagen de una ciudad aparece justo cuando deja de posar para nosotros.

Yto Barrada no documenta simplemente Casablanca. La devuelve a su condición de campo vivo, disputado, reescrito. La devuelve a la historia, pero también a la experiencia. Allí donde otros ven deterioro, ella encuentra inscripción. Allí donde otros ven periferia, ella encuentra lenguaje. Allí donde otros buscan forma, ella encuentra vida.

Comentarios

Deja un comentario

Check also

View Archive [ -> ]